Dark Country

Dios, deberías haberlo sabido.

No recuerdas cómo empezó, pero podrías haber imaginado cómo todo terminaría.

Ella era una Dealer, ¿verdad?

¿Black jack? ¿O era póquer? Realmente no importa ahora, ¿no?

Ahora, está todo hecho y terminado.

Despertaste con la chica más guapa que alguna vez has visto acostada en tu cama…

…con un anillo barato alrededor de su dedo…

…y un recibo de cincuenta dólares de una pequeña capilla blanca arrugado en el suelo.

Ni siquiera sabes cómo se deletrea su nombre, pero eso no importa.

Sólo sabes que la amas y que es real y harías cualquier cosa por ella.

Imbécil.

Anda, mírate a ti mismo.

Si supiera entonces lo que sé ahora…

…¿habría alguna diferencia?

¿Crees que podrías salvarla?

¿Crees que podrías salvarte a ti mismo?

Goethe a Harry

“Hijo mío, tomas muy en serio al anciano Goethe. A los viejos, que ya se han muerto, no se les puede tomar en serio, eso
sería no hacerles justicia. A nosotros los inmortales no nos gusta que se nos tome en serio, nos gusta la burla. La seriedad, joven, es cosa del tiempo; se produce, esto por lo menos quiero revelártelo, se produce por una hiperestimación del tiempo. Igualmente yo estimé mucho en mis días el valor del tiempo, por eso quería llegar a los cien años. En la eternidad, empero, no hay tiempo, como ves: la eternidad es sólo un instante, lo suficientemente largo para una broma.”

“Hijo mío, tomas muy en serio al anciano Goethe. A los viejos, que ya se han muerto, no se les puede tomar en serio, eso sería no hacerles justicia. A nosotros los inmortales no nos gusta que se nos tome en serio, nos gusta la burla. La seriedad, joven, es cosa del tiempo; se produce, esto por lo menos quiero revelártelo, se produce por una hiperestimación del tiempo. Igualmente yo estimé mucho en mis días el valor del tiempo, por eso quería llegar a los cien años. En la eternidad, empero, no hay tiempo, como ves: la eternidad es sólo un instante, lo suficientemente largo para una broma.”

Hermann Hesse, El Lobo Estepario

Harry a Goethe

——Usted, señor Goethe, como todos los extraordinarios espíritus ha sentido perfectamente el problema, la desesperanza de la vida humana: la magnificencia del momento y su desgraciado agostarse, la dificultad de corresponder a una prominente excelsitud del sentimiento de otro modo que con la cárcel de lo cotidiano, la aspiración ardiente hacia el reino del espíritu que está en eterna lucha a muerte con el amor también ardiente y santo a la perdida inocencia de la naturaleza, todo este terrible flotar en el vacío y en la inseguridad, este estar condenado a lo fugaz, a lo insuficiente, a lo perpetuamente en ensayo y diletantesco, en suma, a toda la falta de horizontes y de comprensión y la desesperación angustiosa de la naturaleza humana.
Todo lo anterior ha sido de su conocimiento y en cierta ocasión se ha manifestado a favor de ello, y, no obstante con toda su vida ha predicado lo contrario, ha expresado fe y optimismo, ha simulado a sí mismo y a los demás una inmortalidad y un sentido a nuestros esfuerzos espirituales. Usted ha rechazado y agobiado a quienes profesan una profundidad de pensamiento y a las voces de la desesperada verdad, lo mismo en usted que en Kleist y en Beethoven. Durante varios decenios ha actuado como si el amontonamiento de ciencia y de colecciones, el escribir y conservar cartas y toda su dilatada existencia en Weimar fuera, efectivamente, un camino para perpetuar el momento que en el fondo usted sólo logra momificar, para espiritualizar a la naturaleza, a la que sólo conseguía estilizar en caricatura. Ésta es la insinceridad que le echamos en cara.

—Usted, señor Goethe, como todos los extraordinarios espíritus ha sentido perfectamente el problema, la desesperanza de la vida humana: la magnificencia del momento y su desgraciado agostarse, la dificultad de corresponder a una prominente excelsitud del sentimiento de otro modo que con la cárcel de lo cotidiano, la aspiración ardiente hacia el reino del espíritu que está en eterna lucha a muerte con el amor también ardiente y santo a la perdida inocencia de la naturaleza, todo este terrible flotar en el vacío y en la inseguridad, este estar condenado a lo fugaz, a lo insuficiente, a lo perpetuamente en ensayo y diletantesco, en suma, a toda la falta de horizontes y de comprensión y la desesperación angustiosa de la naturaleza humana.

Todo lo anterior ha sido de su conocimiento y en cierta ocasión se ha manifestado a favor de ello, y, no obstante con toda su vida ha predicado lo contrario, ha expresado fe y optimismo, ha simulado a sí mismo y a los demás una inmortalidad y un sentido a nuestros esfuerzos espirituales. Usted ha rechazado y agobiado a quienes profesan una profundidad de pensamiento y a las voces de la desesperada verdad, lo mismo en usted que en Kleist y en Beethoven. Durante varios decenios ha actuado como si el amontonamiento de ciencia y de colecciones, el escribir y conservar cartas y toda su dilatada existencia en Weimar fuera, efectivamente, un camino para perpetuar el momento que en el fondo usted sólo logra momificar, para espiritualizar a la naturaleza, a la que sólo conseguía estilizar en caricatura. Ésta es la insinceridad que le echamos en cara.

Hermann Hesse, El Lobo Estepario

Voragine

La peor de las esferas me espera por haber encontrado e ignorado el hilo de Ariadna.

Vertigo

Aquel que quiere permanentemente «llegar más alto» tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. ¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? Pero ¿por qué también tenemos vértigo en un mirador provisto de un valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

Milan Kundera

Como chingas Schiller

Palabras dichas sin intención, encuentros que son obra de la casualidad, los transforma en pruebas evidentes el hombre de imaginación, si brilla una chispa de fuego en su corazón.

Otra vez Schiller

¡Y me lo confiesa ella misma! ¡Detalla hasta las circunstancias mas triviales! ¡Sus hermosos ojos, clavados en los míos reflejan el amor que siente hacia otro!

Schiller

¡Ah! ¡Cuán cruel es el intervalo que separa la concepción de un gran proyecto de su ejecución! ¡Qué de vanos terrores! ¡Qué de irresoluciones! Se trata de la vida. —¡No! Se trata de algo más: ¡del honor!

Libertad

No hay nada más poco natural que la sensación de libertad decía la Babouschka. Una palabra condenada desde el contenido semántico, muy ligero, le faltan muchas palabras y otro tanto de soltura para poder descifrar el verdadero valor de ésta, que se encuentra en las profundidades de lo que lo ambiguo nos ofrece. Continuamente se quejaba de los creadores de la palabra, se refería a ellos como cobardes hipócritas, que desperdiciaron esa bella combinación de letras en una visión débil e insípida. La llamábamos Babouschka por ser la primer palabra que le oímos decir, en el primer grito de una lista interminable. Mientras gritaba a su abuela, ya me formaba idea de su constitución, por el color y el tono, noté que provenían de un ser con una vanidad poco común que se asumía inteligente, como la mayoría de los arrogantes, que son la mayoría valga la redundancia.

Y quede muy lejos de mi premonición, rayano a lo exótico resulto la Babouschka, al poco tiempo de permanecer en el colegio ya era dueña de la animadversión de sus alrededores, no era una persona muy desagradable que digamos, tal vez un poco muy pendenciera, pero la cualidad detonante de esas malogradas relaciones, era que el noventa y cuatro por ciento de su vocabulario estaba destinado a conflagraciones verbales, que abundaban dadas sus formas de interacción, mayormente hostiles siempre secundadas de una posición absoluta e irrefutable. Imposible evadir esa singularidad, sin importarme su reputación de filosofa insoportable, sin importarme que peroraba hasta el infinito, nada podía con mi ansia de sentir ese aliento gélido,  sentirme cómplice de la rusa más hermosa que mis ojos habían visto, la única rusa que conozco. Quería seguir esa gesticulación característica en su cara que proclamaba la seguridad de encontrarse en una parte donde pocas personas podían pararse. Dado que todo artista necesita testigo de su genio, fue fácil acercarme, máxime, que hablábamos de una persona calificada por el vox populi como detestable. Me convertí en su oyente fiel, aquel que escuchaba absorto y que cada cierto tiempo para no despertar sospechas de desinterés o la cólera de la rusa, mandaba señales de vida, asintiendo con la cabeza, ofreciendo retroalimentación, una vez mandanda la bengala de atención volvía a recargarme en mis manos para escucharla por horas.

Fui usado como recipiente donde vertía toda su filosofía y demás lodo, la mayoría de las veces resultaba original, otras tantas solamente era atrevida, evitaba sobre todas las cosas ser conservadora, era lo que sin duda, consideraría imperdonable en su persona. Siempre sospeché de la autoría de sus pensamientos, era demasiado joven para originarlos. Sospechas que sofocó al contarme como su abuelo se reunía con otros tantos hombres de carácter sabio en un pequeño departamento en San Petersburgo, fue ahí donde se gesto todo su glacial cerebro, siendo éstos ancianos, cuyo tema favorito eran las sociedades experimentales, los padres de él. Su tierra natal le traía en automático un pensamiento, “San Petersburgo es frió por culpa de la gente, no por el clima”. Curioso resultaba verla hablar de actitudes frías e indiferencias, ella, en verdad se consideraba una persona calida y amena, atributos difíciles de separar del sarcasmo al saber que pertenecían a alguien que aplaudía la eugenesia empleada en el esclavismo y  nazismo, y que sugería la necesidad de implementarla en la vida moderna de forma urgente.

Yo, como su escucha incondicional no intercambiaba argumentos, jamás cuestione sus galimatías lógicos, que si los sometemos a análisis, concluiríamos que solo era otra idealista concomitante, que no ofrece otra cosa que lo más fácil de obtener en el mundo: cinismo y quejas. Señalado, con sutileza de mi parte tales premisas, se defendió con:  Ser martillo para no ser yunque. Rechazaba ella misma todas sus palabras por ser el mundo un lugar donde está muy sola con sus ideas y  ya era éste muy grande como para hacerlo cambiar de dirección.

Obtuve su confianza, pero nada más, nunca pude llegar donde deseaba, me resulto imposible lograr que su mirada hacía mi no contuviera desprecio. Pasado un tiempo pude resignarme, pero no pude dejarla, aun a pesar que para ella solo era otro de los que llamaba “Carentes de Altivez”, en el fondo de su persona, haciendo a un lado su amor propio, sabía que yo representaba su única amistad verdadera, sin dudarlo le quedaba un sabor agrio al saber que yo, una persona atrasada intelectualmente le resultaba ser imprescindible.

Dicho sea de paso que mi carácter indispensable no fue el motivo que detuvo mi renuncia a la Babouschka, lo que sujetó mi cuerpo fue una enorme lastima, sin espectador se quedaría reducida a una mujer solitaria y antipática. Sin donde depositar toda aquella renuncia a la moral establecida, todos los circunloquios, todas las ideas revolucionarias. La prosa entera que la formaba solo seria un esfuerzo estéril atorado en el pecho con enorme ansiedad de conocer la luz y mostrarse al exterior para sembrarse y hacerse eterno.

Como empata con el hielo de esa cara que solo enseñaba a lo mucho cuatro dientes en su estado más alegre, no puede abdicar.

Me gustaba el dramatismo que imprimía en el sonido cuando hablaba de temas delicados. Su versión del infierno me gustaba, ella aseguraba que debido a un error de traducción, o alguna pifia en la exégesis había dado al infierno el fuego, cuando la versión real, la verdadera es que el infierno es azul y todo está congelado tal como San Petersburgo. Los mártires que ya se han preparado para él no deben preocuparse que el hielo igual quema y es capaz de acercar a los peores enemigos para compartir sus desgracias, a su vez demostrar que la sociedad no es otra cosa que la necesidad de ser muchos compartiendo un mismo error. Acabando siempre estos discursos con un cigarro “Para evitar que se congele el alma”.

De su vasta lista de posibles tópicos al que más recurría, y que yo más le recordaba por ser un ejemplo ambulante de la carencia en el sentido que le dábamos, era la libertad. Salía de si misma y flotaba por toda la palabra, la cual, solo ella y otros cuantos, comprendían en esencia.

–Visión absurda—observaba la Babouschka, llaman libertad a la capacidad de tomar unas cuantas decisiones que se encuentran en una jaula, como si el hombre, como ser, como casualidad, dependiente siempre de los limites de sus sentidos, dependiente siempre de factores, siempre en la expectación de una u otra cosa, siempre torturándose con lo hipotético, aun así se rotulan seres libres. Ignoran que sus necesidades, todas en principio invisibles, fatuas y de la misma forma, implícitamente, por falta de honestidad, tienen en realidad un papel como regentes en el total del comportamiento. Es como plantear ver otras dimensiones, es algo que no puedo exigirles, pero me llena de rabia que alguien en tales andanzas y con tales restricciones autoinfligidas venga a llamarse alguien libre. La libertad por ser de naturaleza humilde y soberbia, dicha contradicción logra parecer poco extraña dada la lejanía del concepto, aparece ésta explicándose como en su nobleza no permite que cualquiera la alcance. Por ser la razón nuestro pequeño argumento, debemos emplear a la libertad como un arma para emancipar todo sentimiento de deber. La libertad tal como lo dijera Descartes, es un estado de conciencia, por más que escarbemos en nuestras acciones dudo que encontremos rastros de ella, debemos mejor aceptarlo y disfrutar tratando de lograrla. Son buenas noticias para todos, pues incluso el más sumiso de los esclavos puede correr por paramos más grandes y verdes que el mejor de los libertinos.

Permanecí un año entero digiriendo todo el pesimismo que me servia, mi lengua probó la desesperanza en muchas ocasiones, un par de veces logro perturbar mi “Vida Normal”, ahí donde los necios nos conocemos, nos reproducimos y nos morimos. Fue entonces, justo al quinto día después de ser capaz de completar sus entimemas, cuando renuncie a ella. Mi abandono poco se compara con su corrupción de mi pequeña perspectiva de ese mundo fulgurante y sencillo que se presentaba todos los días previos a su aparición. Con la arrogancia que ella me enseñó, le hice un par de preguntas que no pudo contestar, hiriendo su ego, por consiguiente su tolerancia a mi. Jamás podría contestar esas preguntas, era demasiado tarde para ella, sin embargo yo aun tenia salvación y escapé. El mejor recuerdo que tengo de ella, fue cuando en un resbalón olvidó ponerse su pose y por unos segundos fue solamente una mujer común esperando un beso que nunca llego. La frustración y vergüenza que le causo le debió valer un fuerte castigo, jamás volvió a dar indicios de humanidad.

Ahora aparece de nuevo. Y quiere que la escuche.

Cuando era XXV

Camino en esa oscura atmósfera
por esa delgada vereda que se deshace conforme avanzo
el camino sabe que ya lo recorrí y se desvanece justo a mis espaldas
voy hacia ese precipicio
lo hago sin miedo
mi mirada esta perdida
no veo nada al final
no hay signos de luz
tan solo un viento incesante que dificulta mi paso
me susurra cosas al oído
cosas que no alcanzo a entender
solamente distingo mi nombre
hablan de mi
son demasiadas voces
las ignoro
sigo avanzando hasta llegar al final
se acaba el camino
quedo frente al abismo
no veo nada en su fondo
no veo nada a mi alrededor
lentamente giro la cabeza hacia mi hombro
atrás no hay nada
mi aliento se congela en cuanto abandona mi boca
hace frió
muchísimo frió
lo percibo en el ambiente
todo esta decorado con escarcha
yo no siento frió
estoy tranquilo
sin miedo
alzo mi cabeza hacia el firmamento
solo hay 2 estrellas
brillan intensamente
con furia
utilizan su resplandor para comunicarse
les sonrio
las conozco
descifran mi mirada
les dije adiós.
El enorme vació me invita a lanzarme
siento como inhala desde su profundidad
inhala con fuerza
quiere que lo acompañe
volteo una vez mas al cielo
las 2 estrellas ya no brillan
ya lo entendieron
el abismo inhala con mas fuerza que nunca
piensa que cambie de opinión
se equivoca
se que caeré
pero quiero que entienda
que lo haré cuando yo lo decida
puedo permanecer ahí por siempre
a un paso del abismo
me inclino levemente y me contesta de forma colérica
la inhalación ya no se detiene
lo miro de frente
sin miedo
me dejo caer.
Mi descenso es lento
ya no hay fuerza de succión
ya no la necesita
ya estoy en el
un gentil sopor me invade por completo
siento el cansancio de una persona de mil años.
Un extraño aroma me despierta
la luz de las estrellas se refleja en las paredes del abismo mostrándome imágenes
esas imágenes
me entristece la nueva intención
ahora las estrellas quieren lastimarme proyectando esas imágenes
una vez mas les sonrio
cierro los ojos
no quiero ver nada
continuo con mi descenso.

Ese sueño recurrente, tiene tiempo intentando advertirme lo que me espera, no se como decirle que ya lo entendí, se exactamente a que se refiere, sin embargo sigue, según este, con su tormento. Quisiera decirle que pierde su tiempo, que es inútil. En el fondo detecto sus buenas intenciones, pero el efecto del mensaje caduco hace tiempo.

Su error fue que llego justo antes de cumplir mi quinto lustro. Este ultimo año cambio por completo mi percepción, se que no tengo nada, se que quede en ceros, se que tengo que reconstruir todo, este sueño irradia inocencia si cree que viene a informarme todo lo que he perdido. La cicatriz que me dejo este año es mucho mas grande que cualquier otra cosa en todos los demás días de mi existencia, los errores que cometí ya me abofetearon una y otra vez hasta el cansancio, se que todo fue mi culpa, no me da pena mi estupidez, no saldría a vivir todos los días si tuviera que avergonzarme de todas las cosas estupidas que he hecho, he pagado por ello y además gane una anestesia para muchas otras cosas que antes me causaban malestar.

Hoy en día no concuerdo del todo con Nietzsche, la fortaleza que he adquirido es mayor, pero el daño adquirido también es irreversible, te acerca con más resignación y de manera mas acelerada al final. Hasta hoy entiendo a Durden, solo perdiendo todo, logras alcanzar la verdadera libertad.

Tal vez no se va porque no lo entiendo de verdad, o tal vez porque solo lo entiendo parcialmente. No me importa, solo me provoca pereza.

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