¿A qué te dedicas en la vida?

No, no me refiero a cómo ganas dinero.

Felices 87 Saramago

Saramago festeja sus 87 años creando polémica con Caín.

No soy un escritor de temas religiosos, pero eso no significa que la religión no me interese. ¿Cómo podría no interesarme algo que ha hecho de nosotros las personas que somos? Aunque no seamos creyentes, la religión está en el aire, la respiramos. No se puede ignorar.
Es muy fácil condenar a Caín por fratricidio y yo tampoco lo absuelvo, que quede claro. Lo que hago es poner una parte de la culpa en Dios: Él, que todo lo sabe, podría haber evitado eso. Su responsabilidad es que, cuando los dos hermanos le ofrecen los productos de su trabajo, Caín, al ser agricultor, le ofrece verduras, y Abel, como es ganadero, le regala carne. Dios queda encantado con la grasa del cordero ardiendo en la hoguera… y desprecia las ofrendas de Caín. ¿Qué clase de dios es este que, para enaltecer a uno, desprecia a otro, de una manera tan provocadora? Caín es humillado por Dios y mata a su hermano porque no puede matar a Dios, que es lo que quisiera.
“Ser Dios no es tan fácil como creéis”. Si nosotros fuéramos tan infalibles e inmaculados, habríamos creado un Dios así. Pero los hombres hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza, no al revés. Por eso es tan cruel, mala persona y vengativo.

Yo soy ateo y me siento incapaz, incluso haciendo un esfuerzo mental, de creer en Dios, de acercarme a esa sensación. Y, en mi caso, nunca he tenido ninguna duda sobre las consecuencias enormemente negativas y nefastas de la existencia de religiones, que inevitablemente se oponen las unas a las otras. Matar, matar, matar… eso es lo que han hecho a lo largo de la historia, no hay nada qué añadir a su historial sangriento.

No soy un escritor de temas religiosos, pero eso no significa que la religión no me interese. ¿Cómo podría no interesarme algo que ha hecho de nosotros las personas que somos? Aunque no seamos creyentes, la religión está en el aire, la respiramos. No se puede ignorar.

Es muy fácil condenar a Caín por fratricidio y yo tampoco lo absuelvo, que quede claro. Lo que hago es poner una parte de la culpa en Dios: Él, que todo lo sabe, podría haber evitado eso. Su responsabilidad es que, cuando los dos hermanos le ofrecen los productos de su trabajo, Caín, al ser agricultor, le ofrece verduras, y Abel, como es ganadero, le regala carne. Dios queda encantado con la grasa del cordero ardiendo en la hoguera… y desprecia las ofrendas de Caín. ¿Qué clase de dios es este que, para enaltecer a uno, desprecia a otro, de una manera tan provocadora? Caín es humillado por Dios y mata a su hermano porque no puede matar a Dios, que es lo que quisiera.

“Ser Dios no es tan fácil como creéis”. Si nosotros fuéramos tan infalibles e inmaculados, habríamos creado un Dios así. Pero los hombres hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza, no al revés. Por eso es tan cruel, mala persona y vengativo.

Yo soy ateo y me siento incapaz, incluso haciendo un esfuerzo mental, de creer en Dios, de acercarme a esa sensación. Y, en mi caso, nunca he tenido ninguna duda sobre las consecuencias enormemente negativas y nefastas de la existencia de religiones, que inevitablemente se oponen las unas a las otras. Matar, matar, matar… eso es lo que han hecho a lo largo de la historia, no hay nada qué añadir a su historial sangriento.

José Saramago

Paradoja del Conde Fenix

En la famosa paradoja del Conde Fénix se dice que la regla absoluta del estado estará dada en función de la libertad absoluta de cada voluntad individual.

En la famosa paradoja del Conde Fénix se dice que la regla absoluta del estado estará dada en función de la libertad absoluta de cada voluntad individual.

El libro de la Ley

Harry a Goethe

——Usted, señor Goethe, como todos los extraordinarios espíritus ha sentido perfectamente el problema, la desesperanza de la vida humana: la magnificencia del momento y su desgraciado agostarse, la dificultad de corresponder a una prominente excelsitud del sentimiento de otro modo que con la cárcel de lo cotidiano, la aspiración ardiente hacia el reino del espíritu que está en eterna lucha a muerte con el amor también ardiente y santo a la perdida inocencia de la naturaleza, todo este terrible flotar en el vacío y en la inseguridad, este estar condenado a lo fugaz, a lo insuficiente, a lo perpetuamente en ensayo y diletantesco, en suma, a toda la falta de horizontes y de comprensión y la desesperación angustiosa de la naturaleza humana.
Todo lo anterior ha sido de su conocimiento y en cierta ocasión se ha manifestado a favor de ello, y, no obstante con toda su vida ha predicado lo contrario, ha expresado fe y optimismo, ha simulado a sí mismo y a los demás una inmortalidad y un sentido a nuestros esfuerzos espirituales. Usted ha rechazado y agobiado a quienes profesan una profundidad de pensamiento y a las voces de la desesperada verdad, lo mismo en usted que en Kleist y en Beethoven. Durante varios decenios ha actuado como si el amontonamiento de ciencia y de colecciones, el escribir y conservar cartas y toda su dilatada existencia en Weimar fuera, efectivamente, un camino para perpetuar el momento que en el fondo usted sólo logra momificar, para espiritualizar a la naturaleza, a la que sólo conseguía estilizar en caricatura. Ésta es la insinceridad que le echamos en cara.

—Usted, señor Goethe, como todos los extraordinarios espíritus ha sentido perfectamente el problema, la desesperanza de la vida humana: la magnificencia del momento y su desgraciado agostarse, la dificultad de corresponder a una prominente excelsitud del sentimiento de otro modo que con la cárcel de lo cotidiano, la aspiración ardiente hacia el reino del espíritu que está en eterna lucha a muerte con el amor también ardiente y santo a la perdida inocencia de la naturaleza, todo este terrible flotar en el vacío y en la inseguridad, este estar condenado a lo fugaz, a lo insuficiente, a lo perpetuamente en ensayo y diletantesco, en suma, a toda la falta de horizontes y de comprensión y la desesperación angustiosa de la naturaleza humana.

Todo lo anterior ha sido de su conocimiento y en cierta ocasión se ha manifestado a favor de ello, y, no obstante con toda su vida ha predicado lo contrario, ha expresado fe y optimismo, ha simulado a sí mismo y a los demás una inmortalidad y un sentido a nuestros esfuerzos espirituales. Usted ha rechazado y agobiado a quienes profesan una profundidad de pensamiento y a las voces de la desesperada verdad, lo mismo en usted que en Kleist y en Beethoven. Durante varios decenios ha actuado como si el amontonamiento de ciencia y de colecciones, el escribir y conservar cartas y toda su dilatada existencia en Weimar fuera, efectivamente, un camino para perpetuar el momento que en el fondo usted sólo logra momificar, para espiritualizar a la naturaleza, a la que sólo conseguía estilizar en caricatura. Ésta es la insinceridad que le echamos en cara.

Hermann Hesse, El Lobo Estepario

Reyes

¡Es más! no piensen en cambiar: serán como son y no de otra manera. Por esto, los Reyes de la tierra serán siempre los Reyes: y los esclavos les servirán. Nadie será derribado o ascendido: todo es como siempre ha sido. Sin embargo, mis servidores van enmascarados: quizá aquel mendigo sea un Rey. Un Rey puede escoger las ropas que deseé: no hay prueba cierta: pero un mendigo no puede esconder su pobreza. ¡Ten cuidado! ¡Ama a todos, quizá algún Rey vaya disfrazado! ¿Tú lo crees? ¡Imbécil! Si es un Rey, no puedes hacerle daño.

El libro de la Ley

Fausto y Mefistofeles

FAUSTO.— ¿Ves en el cielo aquella lámpara eterna que aunque oscila en todo momento es cada vez más densa la oscuridad que le rodea? Pues de esa manera reina siempre la noche en mi alma.
MEFISTÓFELES.— En cuanto a mí, soy como el gato flaco que se rasca al escurrirse por la pared, sin faltarle su fuerza instintiva. Siento aún el estremecimiento de mi cuerpo al recordar la hermosa noche de Walpurgis: pasado mañana se repetirá y ahí al menos se sabe por qué se veía.
FAUSTO.— ¿Tardará mucho en aparecer a la luz aquel tesoro que vi brillar debajo de la Tierra?
MEFISTÓFELES.— Tendrás en breve el placer de hacerte con el cofrecito al que a últimas fechas he echado ojo y que contiene hermosos escudos.
FAUSTO.— ¿Y no hay ninguna joya, ni un anillo al menos, para adornar a mi amada?
MEFISTÓFELES.— Sí, creo haber visto en él una especie de collar de perlas.
FAUSTO.— Extraordinario, pues sentiría mucho visitarla sin llevar para ella algo en las manos.
MEFISTÓFELES.— Creo que no te molestará pasar un buen rato sin que te cueste nada. Ahora que el cielo brilla con todas sus estrellas vas a oír una obra maestra: es una canción moral que va a robarle el juicio.
(Canta acompañado por la bandolina).
“¿Por qué así pasas la noche aguardando al ser que sólo se finge enamorado para lograr tu deshonor? No escuches más sus falsas promesas, si no quieres perder un bien preciado que el arrepentimiento y el llanto no te devolverán. Pobre débiles criaturas, ¡qué cobarde y a traición se te seduce! Si deseas evitar los lazos que la traición te extiende, sospecha de todos los hombres y no des a ninguno tu favor hasta que haya jurado eterna fe frente al altar”
VALENTÍN se adelanta.— ¿A quién acechas aquí, maldito cazador de ratones? Empieza por soltar tu instrumento que mandaré en el acto al músico a todos los diablos.
MEFISTÓFELES.— La guitarra está hecha pedazos y no puede contarse con ella.
VALENTÍN.— Pues sólo falta ya rompernos el alma.
MEFISTÓFELES, a Fausto.— Doctor, no te precipites: colócate a mi lado y espera a que te dirija. ¡Empuña la espada y avanza, que yo pararé el golpe!
VALENTÍN.— ¡Detén pues éste!
MEFISTÓFELES.— ¿Por qué no?
VALENTÍN.— ¿Y ésta?
MEFISTÓFELES.— Del mismo modo.
VALENTÍN.— Creo enfrentarme al mismo diablo. ¿Qué sucede? ¡Mi mano se paraliza!
MEFISTÓFELES.— Avanza.
VALENTÍN, cae.— ¡Ay de mí!
MEFISTÓFELES.— Ya está domesticado mi feroz campesino. Ahora marchemos de inmediato, porque oigo gritar: “Al asesino”. Yo me las compongo bien con la policía, pero no sé entenderme con los jueces.
MARTA, en la ventana.— ¡Socorro! ¡Socorro!
MARGARITA, también en la ventana.— ¡Una luz aquí!
MARTA, gritando.— Pelean, gritan, llaman y se baten.
EL PUEBLO.— Hay un muerto.
MARTA, saliendo.— ¿Quién es el muerto?
EL PUEBLO.— El hijo de tu madre.
MARGARITA.— ¡Dios todopoderoso! ¡Qué desgracia!
VALENTÍN.— ¡Me muero y creo que será muy pronto! ¿Por qué están aquí, ¡oh mujeres!, dando esos gritos y lamentos? Vengan y escúchenme.
(Todos lo rodean).
Margarita, bien lo ves, eres joven y te falta práctica para arreglar tus asuntos; te lo digo con confianza, ya que eres una mujer perdida, sélo por completo.
MARGARITA.— ¡Dios mío! Hermano, ¿qué es lo que dices?
VALENTÍN.— No mezcles a Dios Nuestro Señor en esto. Lo hecho, hecho está y lo que ha de suceder sucederá. Empezaste por amar en secreto a un hombre, luego amarás a otros y terminarás por amarlos a todos. La vergüenza, al nacer, se ocultó ya con cierto misterio, se cubrió con el velo de la noche y hasta hubiera querido ahogarse a sí misma; pero conforme fue creciendo, empezó a mostrarse en público y, sin embargo, a pesar de que su rostro era cada vez más horrible y repulsivo, sólo desea ya ostentar sus tristes galas a luz del sol. En poco tiempo toda la gente honrada huirá de ti como de un cuerpo muerto y tendrás cada vez que te miren cara a cara una confusión enorme que te estremecerá hasta la medula ósea. No habrá ya entonces para ti ni cadena de oro, ni banco en la iglesia, ni traje que atraiga en el baile todas las miradas; tendrás tan solo un pobre jergón en que recostarte en alguna enfermería. Aunque por su misericordia infinita Dios te perdone, seguirás siendo en el mundo objeto de escarnio y maldición.
MARTA.— Encomienda tu alma a dios, lejos de mancharte la conciencia con blasfemias.
VALENTÍN.— Creería perdonados todos mis pecados con tan sólo poder caer sobre ti, infame medianera.
MARGARITA.— ¡Hermano mío, ten piedad de mi horrible sufrimiento!
VALENTÍN.— Deja de llorar sin objeto: tu falta ha sido para mí un golpe terrible… Cierra mis párpados el sueño de la muerte. ¡Quiera Dios apiadarse del soldado que trató de cumplir como honrado en todo lo posible!.
(Muere).

FAUSTO.— ¿Ves en el cielo aquella lámpara eterna que aunque oscila en todo momento es cada vez más densa la oscuridad que le rodea? Pues de esa manera reina siempre la noche en mi alma.

MEFISTÓFELES.— En cuanto a mí, soy como el gato flaco que se rasca al escurrirse por la pared, sin faltarle su fuerza instintiva. Siento aún el estremecimiento de mi cuerpo al recordar la hermosa noche de Walpurgis: pasado mañana se repetirá y ahí al menos se sabe por qué se veía.

FAUSTO.— ¿Tardará mucho en aparecer a la luz aquel tesoro que vi brillar debajo de la Tierra?

MEFISTÓFELES.— Tendrás en breve el placer de hacerte con el cofrecito al que a últimas fechas he echado ojo y que contiene hermosos escudos.

FAUSTO.— ¿Y no hay ninguna joya, ni un anillo al menos, para adornar a mi amada?

MEFISTÓFELES.— Sí, creo haber visto en él una especie de collar de perlas.

FAUSTO.— Extraordinario, pues sentiría mucho visitarla sin llevar para ella algo en las manos.

MEFISTÓFELES.— Creo que no te molestará pasar un buen rato sin que te cueste nada. Ahora que el cielo brilla con todas sus estrellas vas a oír una obra maestra: es una canción moral que va a robarle el juicio.

(Canta acompañado por la bandolina).

“¿Por qué así pasas la noche aguardando al ser que sólo se finge enamorado para lograr tu deshonor? No escuches más sus falsas promesas, si no quieres perder un bien preciado que el arrepentimiento y el llanto no te devolverán. Pobre débiles criaturas, ¡qué cobarde y a traición se te seduce! Si deseas evitar los lazos que la traición te extiende, sospecha de todos los hombres y no des a ninguno tu favor hasta que haya jurado eterna fe frente al altar”

VALENTÍN se adelanta.— ¿A quién acechas aquí, maldito cazador de ratones? Empieza por soltar tu instrumento que mandaré en el acto al músico a todos los diablos.

MEFISTÓFELES.— La guitarra está hecha pedazos y no puede contarse con ella.

VALENTÍN.— Pues sólo falta ya rompernos el alma.

MEFISTÓFELES, a Fausto.— Doctor, no te precipites: colócate a mi lado y espera a que te dirija. ¡Empuña la espada y avanza, que yo pararé el golpe!

VALENTÍN.— ¡Detén pues éste!

MEFISTÓFELES.— ¿Por qué no?

VALENTÍN.— ¿Y ésta?

MEFISTÓFELES.— Del mismo modo.

VALENTÍN.— Creo enfrentarme al mismo diablo. ¿Qué sucede? ¡Mi mano se paraliza!

MEFISTÓFELES.— Avanza.

VALENTÍN, cae.— ¡Ay de mí!

MEFISTÓFELES.— Ya está domesticado mi feroz campesino. Ahora marchemos de inmediato, porque oigo gritar: “Al asesino”. Yo me las compongo bien con la policía, pero no sé entenderme con los jueces.

MARTA, en la ventana.— ¡Socorro! ¡Socorro!

MARGARITA, también en la ventana.— ¡Una luz aquí!

MARTA, gritando.— Pelean, gritan, llaman y se baten.

EL PUEBLO.— Hay un muerto.

MARTA, saliendo.— ¿Quién es el muerto?

EL PUEBLO.— El hijo de tu madre.

MARGARITA.— ¡Dios todopoderoso! ¡Qué desgracia!

VALENTÍN.— ¡Me muero y creo que será muy pronto! ¿Por qué están aquí, ¡oh mujeres!, dando esos gritos y lamentos? Vengan y escúchenme.

(Todos lo rodean).

Margarita, bien lo ves, eres joven y te falta práctica para arreglar tus asuntos; te lo digo con confianza, ya que eres una mujer perdida, sélo por completo.

MARGARITA.— ¡Dios mío! Hermano, ¿qué es lo que dices?

VALENTÍN.— No mezcles a Dios Nuestro Señor en esto. Lo hecho, hecho está y lo que ha de suceder sucederá. Empezaste por amar en secreto a un hombre, luego amarás a otros y terminarás por amarlos a todos. La vergüenza, al nacer, se ocultó ya con cierto misterio, se cubrió con el velo de la noche y hasta hubiera querido ahogarse a sí misma; pero conforme fue creciendo, empezó a mostrarse en público y, sin embargo, a pesar de que su rostro era cada vez más horrible y repulsivo, sólo desea ya ostentar sus tristes galas a luz del sol. En poco tiempo toda la gente honrada huirá de ti como de un cuerpo muerto y tendrás cada vez que te miren cara a cara una confusión enorme que te estremecerá hasta la medula ósea. No habrá ya entonces para ti ni cadena de oro, ni banco en la iglesia, ni traje que atraiga en el baile todas las miradas; tendrás tan solo un pobre jergón en que recostarte en alguna enfermería. Aunque por su misericordia infinita Dios te perdone, seguirás siendo en el mundo objeto de escarnio y maldición.

MARTA.— Encomienda tu alma a dios, lejos de mancharte la conciencia con blasfemias.

VALENTÍN.— Creería perdonados todos mis pecados con tan sólo poder caer sobre ti, infame medianera.

MARGARITA.— ¡Hermano mío, ten piedad de mi horrible sufrimiento!

VALENTÍN.— Deja de llorar sin objeto: tu falta ha sido para mí un golpe terrible… Cierra mis párpados el sueño de la muerte. ¡Quiera Dios apiadarse del soldado que trató de cumplir como honrado en todo lo posible!.

(Muere).

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Por ejemplo si una persona camina entre nosotros, Usted sólo verá su lado izquierdo, mientras que yo sólo veo su lado derecho, pero no por ello dejamos de estar de acuerdo en que se trata de la misma persona, aunque discrepemos en lo que pensamos sobre su apariencia física y sobre sus cualidades. La convicción de la identidad se hace más fuerte a medida de que lo veamos más a menudo y lleguemos a conocerle mejor. Y de cualquier manera, nunca sabremos absolutamente más de dicha persona, sólo reconoceremos de ella lo que tengamos impresionado en nuestras respectivas mentes.
Todos somos tratados como criaturas imbéciles. Los impuestos, el consumo, la jornada laboral, las leyes de tránsito, el acaloramiento dominical, la censura, en fin, que no se fían de nuestro arbitrio ni para cruzar la calle. El fascismo es igual al comunismo, y por añadidura deshonesto. Los dictadores suprimen toda expresión artística: literatura, pintura, teatro, música, medios de información y todo aquello que no coincide con sus exigencias; sin embargo, el mundo sólo se pone en marcha por la luz del genio. El rebaño será destruido en masa.

Por ejemplo si una persona camina entre nosotros, Usted sólo verá su lado izquierdo, mientras que yo sólo veo su lado derecho, pero no por ello dejamos de estar de acuerdo en que se trata de la misma persona, aunque discrepemos en lo que pensamos sobre su apariencia física y sobre sus cualidades. La convicción de la identidad se hace más fuerte a medida de que lo veamos más a menudo y lleguemos a conocerle mejor. Y de cualquier manera, nunca sabremos absolutamente más de dicha persona, sólo reconoceremos de ella lo que tengamos impresionado en nuestras respectivas mentes.

Todos somos tratados como criaturas imbéciles. Los impuestos, el consumo, la jornada laboral, las leyes de tránsito, el acaloramiento dominical, la censura, en fin, que no se fían de nuestro arbitrio ni para cruzar la calle. El fascismo es igual al comunismo, y por añadidura deshonesto. Los dictadores suprimen toda expresión artística: literatura, pintura, teatro, música, medios de información y todo aquello que no coincide con sus exigencias; sin embargo, el mundo sólo se pone en marcha por la luz del genio. El rebaño será destruido en masa.

El libro de la Ley

LA LEY DE THELEMA

La Ley está hecha de tu voluntad.”

La Ley es Amor, el amor bajo la voluntad.”

No hay más Ley: Haz tu voluntad.”

Aleister Crowley es por mucho el hombre más simpático del mundo.

Surrogates

Gracias al avance de la tecnología ya puedo reemplazarte.

El Pacto

By working faithfully eight hours a day you may eventually get to be boss and work twelve hours a day. Robert Frost

Y es que la culpabilidad me acecha, rompí el pacto con mis sagrados tutores, y por años he sido un disidente de la paradoja ética que con tanto cariño me enseñaron sin otra motivación que mi superación personal, para que alcanzara el estatus oficial de consumidor realizado, y ahora después de mucho tiempo de no perseguir la corona que me haría feliz, me invade el arrepentimiento y quisiera que la lección se repitiera y que esta vez fuera más severa. Han pasado aproximadamente cincuenta plenilunios desde que aprobaron mi salida al mundo, al cruel mundo y aún es hora que no he cumplido en su totalidad la parte que me corresponde del pacto, el cual, conforme avanza la línea de tiempo me parece menos atractivo, después de todo la lección número uno fue: ¿Qué obtengo yo de esto?

¿Cuál es el pacto?

Es tal mi cinismo que casi no lo recuerdo, tengo que hacer memoria de mi vida pasada que a su vez trae un tren simbiótico de verdades y consecuencias, de errores y promesas con cara de mentira, que salvo por un par de personas que conocí y a que ahora tengo un sano historial crediticio, cuesta mucho ir atrás a recoger un par de imágenes y evidencia sin sentir que fue un total desperdicio de tiempo.

La brillante escuela que fue la culminación de mi educación era una, la llamaré universidad, era una universidad de una mediana población que dentro de la región tiene un rol bastante importante, no era la peor, ni era la mejor, y eso le es irrelevante, su principal meta es generar empleados suficientes para las tres principales empresas que conforman su jurisdicción. Y lo hace muy bien, más del ochenta por ciento de personas que conocí ejercen su vasto conocimiento en alguna de ellas. ¿Y los demás?, descarriados, pero ya reconocerán su error cuando extrañen su hogar y volverán a remendar el colosal error, las malas decisiones se compensan mucho mejor poniendo de rodillas el carácter, volverán llenos de zalemas a ofrecer.

Recuerdo que durante años fuimos taladrados cerebralmente hasta lograr en nosotros un paradigma de estrecha visión, no hubo axón que sobreviviera a los constantes ataques, de esta parte el único recuerdo lo dejaron en palabras cicatrizadas, que serían la lección numero dos: Sin incentivo económico las ideas no existen, la creación es un acto que depende de ser remunerado. Acudimos a cientos de clases donde profesores armados con un manual y un cheque mensual peroraban como una empresa sana debería estar constituida, o como nuestro adecuado comportamiento corporativo nos conduciría al éxito. El portar las cadenas y loarlas se volvería insoslayable para cualquiera, y ésa era la magna estrategia, todos notarían el compromiso impreso en cada acto y nuestro futuro estaba garantizado. Técnicamente no tengo queja alguna, fuimos adiestrados para ser buenos obreros, donde se nos prometió que con nuestro esfuerzo y la correcta utilización de herramientas financieras, tales como el ahorro y el uso de créditos bancarios podríamos llegar a la cúspide del ser, llegar a estar bien posicionados en el ciclo de consumo, parafraseando a Sallinger, podríamos comprar incluso un Cadillac.

Y si me preguntas ¿Fue efectivo este método?, sin recurrir a una endoscopia, mi respuesta es: la persona de carácter más fuerte, más enfocada y que más me ha inspirado en la vida ahora se perfila a ser empresario. Que orgullo, yo conocí a ese láser imparable cuando era un sencillo obrero.

En verdad que es un sueño, por fin ser parte de la oferta y la demanda, muchos todavía permanecen en la extática posición que les provoca el generar ingresos, ampliar el umbral de la capacidad de adquisición, elevar el estilo de vida con productos cada vez más extravagantes cuya utilidad y relevancia puede ser expresada con un cero enorme, radiante, caro y elegante. Es un hecho científico que rodeados de bienes eyaculamos con tranquilidad, pues estamos concientes de que mientras intercambiemos más de la mitad de la vida aseguraremos tener mercancía, nunca nos faltara ninguno de esos objetos que garantizan la obsolescencia del alma. Paladines de una economía saludable y creciente, evitando la pauperización y llevando nuestras nociones del mundo a cada rincón con credenciales que nos avalan como aptos para toma de decisiones a una escala miniatura, pero que después de todo un gran sistema se compone de pequeños engranes para funcionar, todos nosotros impulsamos la rotación de la tierra con la suma de nuestras acciones. Geográficamente todo evoluciona de igual manera, al salir de ahí el mundo pasó de ser una gigante extensión territorial a un diminuto punto en un mapa, cuyo diámetro se extendía entre mi lugar de trabajo y la casa que obtendría gracias al fondo destinado a nosotros, los que forjan con sus manos el mundo. Ese santuario donde viviré con mi  esposa y mis hermosos hijos.

Es un cuento de hadas, lo sé, todo es utópico y maravilloso, y todavía puede mejorar con un aumento de sueldo, pero volviendo a mi calamitosa realidad, la verdad es que no formo parte de ese paraíso, por fin, lo he recordado, ese era el pacto y no lo estoy cumpliendo, ¿Por qué?, la respuesta es muy sencilla, soy un enfermo crónico y al parecer no hay cura ni tratamiento. No pudieron contra mi mediocridad, nada puede y así ha sido siempre, de cada cosa que me enseñaron solo capte la mitad, de cada camino que he emprendido siempre recorro la mitad, incluso de aquella frase que sacudió mi ser, recuerdo solo el cincuenta por ciento de sus palabras. Antes me era imperceptible pero ahora que estoy tan fuera de forma y que además desaprendí esa mitad, puedo ver el espantapájaros que dejaron deliberadamente entre las nubes para todo aquel que osara salir de los limites de un espécimen destinado a un trabajo que no incluía el uso de la creatividad u otras actividades donde intervenga algo más que la virtud del maniquí en piloto automático que representábamos.

Cumpliendo con la cuota autoimpuesta de 1% de honestidad en cada cosa que haga, y para explicar lo que el mundo laboral me ha hecho citaré al cardenal Octaviano degli Ubaldini, “Puedo afirmar, que si existe el alma, yo he perdido la mía al servicio de los gibelinos”.

Voragine

La peor de las esferas me espera por haber encontrado e ignorado el hilo de Ariadna.

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