El Acuario

Estás tú allá arriba, actuando. Te miraba sin pensar en otra cosa que en la calidad y contundencia de mi explicación, la cual sinceramente prefería no darte, no quería obligarme a vivir esa amarga experiencia, y por más que trato de sintetizar mis argumentos para poder lograr encerrar todas las emociones en una palabra, una aislada y rápida que no te de tiempo de reaccionar, es imposible. Apagué el cigarro. La obra no tarda en concluir. Empiezo a ensayar el guión que tengo. Lo haces porque quieres, te diré, solamente así tienes esa imagen que tanto te agrada y que a mí me enfada, hilvané así mi comienzo porque siento que las rimas son fáciles de digerir y al menos a mí jamás me ha ofendido una de ellas, tu imagen difusa, continuaré, la engañosa, cuando te conocí por primera vez veías la misma imagen que yo tenía de ti, existía nuestra coincidencia en tu persona básica, aquella carente de tanto que agradaba a la vista por la belleza que siempre ofrece lo sencillo y puro, de vez en cuando, te miro fijamente, desconectado de lo que dices y revivo ese bonito acuario donde nadaban parsimoniosas todas tus estupidas ideas, tan estupidas e invalidas como las de cualquier otro, son parte pues, de lo mismo de siempre, de lo distinguible y comestible, por lo tanto tolerable. Luego vinieron esas noches en el teatro que te cambiaron, te ofrecieron un rol y un prestigio que ahora son tu cruz, y justifico la enajenación por el sabor insípido que percibías de tu existencia, a la falta de sentido y reconocimiento. Todo esto cae dentro lo cotidiano, el único problema que le veo a este circo soy yo, mi posición de optimista en la vida me quita todas las fuerzas, llegada la noche ya no soy capaz de soportarte,  te conviertes en una legitima molestia para mi vista, tu enunciado más reservado me suena a pretensión cínica, algo que siempre hemos criticado, bueno, que antes criticábamos, ves, la culpa es mía, todo es porque te sigo cotejando con tu forma antes dicha, la sencilla, la fuera del escenario. Pero ambos sabemos que te gusta ese mundo, y la verdad a mí también me gustas en él, es cómodo estar fuera de luces, sentado entre la gente, claro está que ya no asistiré a verte, tan sólo espero que encuentres algo, como actriz. Prenderé otro cigarro y me iré. Por lo regular me quedo hasta que el barco se hunde. Esta vez no. Eso tal vez no lo diga.

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