El Escultor
Posted by Neto Cock - 10/11/09 at 06:11:43 pmÉl me lo platico:
Antes decía, alguien debería de verlo. Alguien debería amarme, pero después de que me interrogué, todo cambio.
Al igual que la mayoría de las personas de mi época yo tenía un pasatiempo, disfrutaba de esculpir. No, dejemos simplemente que algunas veces esculpía. También debo decir que rebasaba a un sencillo pasatiempo, en veces todo era rayano a lo obsesivo dependiendo de lo que extraía de mi relación sujeto-objeto. Ni en las letras, ni en la música o cualquier otro medio de expresión encontré ese punto exacto para describirme la naturaleza que me rodeaba, nada me parecía tan cercano a lo que veía vibrante y monocromático en mi cabeza, sólo modelando, forjando, sólo el mármol o el hierro hablaban la misma lengua que esas ideas que aparecían arrogantes y demandando vida.
Como suele suceder con la mayoría de los artistas, sus creaciones recorren un camino de subjetividad antes de llegar a los ojos de los demás, en todos los casos sólo existe una persona capaz de ofrecer el universo necesario para que eso creado pueda exponerse sin sentirse extraño, un lugar donde no sería un forastero incomprendido. Siendo mi arte no una excepción, constantemente solía quedar decepcionado por la apreciación de lado del publico. Decepción, la cual después adoptaría como la más fiel y única compañera.
La particularidad de mis obras reside en el detonante de la inspiración, es imposible usar el cincel sino conozco a alguien con el suficiente fulgor en el alma o alguna leve característica especial que me done la fuerza necesaria para que la mano izquierda ejecute el acercamiento a la visión.
Mi técnica, está mal que yo lo diga pero, es impecable, a pesar de ello siempre soy demasiado deshonesto, lo soy por mi inconformidad con la imperfección, nubla mi juicio y me hace olvidar la esencia de lo que ya existía antes de que yo lo mirara. Ha sido lo único que han reconocido en mí los de buena estatura intelectual, después de todo los inconformes son los que crean, los demás están felices con el estado de las cosas. Sin embargo ese continuar perpetuo en la tarea de mejorar el equilibrio establecido era, a la vez, lo que colocaba odio y amor en mi vida. No podía vivir sin amar y no podía hacerlo sin sentir la decepción inherente.
Se trata de un ciclo con marcadas limitantes dentro de su desarrollo, mientras reproduzco a la persona, mientras la mejoro, en el trayecto de crearle una historia, una por supuesto mejor, esta prohibido echar un vistazo al futuro. La pureza de la decepción siempre es necesaria, ni una mínima anticipación al futuro comportamiento, la decepción de esta forma es más sincera y acogedora.
El motivo de esta necesidad por la decepción comienza con la soledad, tal vez debí comenzar por aquí.
Para algunos la soledad resulta incolora, al menos para mí así era, todo el gris en las paredes del mundo me destruía. De ahí el por qué me resulta tan fácil enamorarme. Bastaba con un mínimo de atención, una sonrisa, una mirada del objeto, el aroma de la musa, una brisa nimia para renunciar al suelo y visitar el cielo sin haber muerto.
Antes de etiquetarme de ingenuo debo advertirte, que solamente en el principio fui así, desgraciadamente asesinaron al soñador que yo era, después todo era parte de una ya dominada labor. Haría lo que siempre hacía. Iba a esculpir otra decepción. Voy a entregarme por completo, a grabar por entero mi talento, transformaría lo malo en bueno, la oscuridad se rendiría ante la luz del buril, sin importar los argumentos irrefutables, creía ser capaz de mejorar a cualquier persona, la mejoraría y ésta sumergida en un mar de gratitud quedaría imposibilitada de todo y me amaría.
Todo hombre con talento tiene esa vulnerabilidad. Todos los hombres talentosos siempre se enamoran. Su singularidad los hace creer que es un motivo para amarlo, que es fácil amarlo, que todos deberían de hacerlo.
Pero encontré la cura para esa regla que nunca se cumple. Un buen día novelándome mi propia historia, mi pasada historia, una y otra vez, recorriéndola paso a paso, reanimándola, de decepción a decepción, encontré que no existían momentos tan altos en emociones, eran la cumbre más alta que habían conocido mis sentidos, me hacían sentir tan vivo como nunca, el pecho ardiendo en las vergüenzas que probé con la lengua, impotente, frustradas situaciones, todo ese pesar me convirtió en un energúmeno irracional en el momento, pero también, irónicamente, le daba precisión a mi arte, jamás tenía tan claro lo que quería expresar como cuando las lagrimas llegaban hasta el mentón.
Con una celeridad disimulada impulsaba todo el afilado corazón directo al objetivo, éstos, escogidos cada vez más cuidadosamente, cada vez más hermosos, así siempre se trataría de una decepción más dolorosa y hermosa. Lo hacía todo esperando que me fallaran, que me rechazaran, para que esa desilusión cada vez más rígida me acompañara junto el marfil y una botella de vino, en esos momentos cuando la pasión amenaza con destrozarme las costillas. Absolutamente nadie ha fallado fallándome y así me siento realmente pleno.
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