Exodo

En veces cuando tienes un objetivo, el objetivo de irte, por más firme que sea, suele tener un efecto retardado, mudarte puede ser difícil, pero así fue, con un leve impulso comencé aquel viaje, que para poder llegar a emprenderlo realmente, para dar el primer paso fue necesario convocar toda la voluntad que había en el costal y vencer la gigante procrastinación que atentaba a causa de las torres de papeleo intrínseco burocrático que a su vez aparecen en escena cuando algún cambio de mi sagrada rutina pretende acabar con toda mi paz y tranquilidad, justo como hago con cualquier otra cosa que intenta hacer que deje mi cómodo colchón, mire a todos lados para evitar hacerla, recurrí a todo para esquivarla, por cierto, el todo pierde su toque de grandeza cuando lo recorres todo, pero, volviendo a mis múltiples excusas, incluso use esos recursos contra escrúpulos que ayudan y escudan a muchos; invente tres nuevas inquietudes artísticas, tres inquietudes tres, decidí que el arte definitivamente era lo mió, lo era desde el mismo momento que me ofrecía una puerta de salida, aun quedaba un camino para mi vida, todo tendría sentido de vuelta, el mismo día que debía tomar mi decisión definitiva decidí antes dedicar mi vida a eso del periodismo, traer la verdad de cada rincón del planeta a la cara publica, era sin lugar a dudas la vocación que aguardaba en el cofre oculto en el fondo de mi ser, a ese grado de monumental evasión llegaba, pero al final las estadísticas se equivocaron, todo dio un giro dramáticamente curioso, muy parecido a esa película revolucionaria, donde el final deja boquiabiertos a más de uno que juraba saber el desenlace dada las características de la situación y la carencia de cualidades del protagonista donde lo ilógico aparece diga lo que diga Wittgenstein. Claro que busque rostros entre el tumulto de pretextos, por supuesto que ahogue a los pros en un mar de contras, no lograba acomodarme en tal circunstancia que hacia que me moviera de un lado para otro, inquieto y siempre tratando de alejar el día cero, pero recibí un apoyo desconocido, es como si algo, en alguna parte, tirara de mi y me inyectara un poco de ese infausto entusiasmo necesario para empezar a desaparecer.

Cuando me formé para tomar mi destino, que por cierto se parecía mucho a la fila para comprar los boletos de un  autobús común, es decir, hay muchos interesados en ese destino, haciendo fila, yo no sé porqué. Comprar mi boleto para el fatuo destino fue en extremo difícil dadas las consecuencias de hacerlo, estoy seguro, y esto es en verdad cierto, que si la persona encargada de vender dichos boletos, tuviera conocimiento de las ultimas tres horas de mi vida, me miraría fijamente y trataría con toda su moral en la epidermis, impedir mi viaje. Pues hay un par de actitudes, digámosles positivas que surgen cuando miras la desgracia ajena. Creo yo, funciona más o menos de esta forma, existe una desgracia, compruebas que esa desgracia no te alcanza, no esta afectándote, la desgracia solo forma parte de la calamidad de otro, las llamas no te tocan, nace un alivio acompañado de una alegría como resultado de salir avante, debes apaciguar el entusiasmo para hacerlo imperceptible pues tienes a una victima en frente de ti, fabricas un ungüento empático improvisado usando tu jubilo temporal para luego frotarlo en la persona que supones sufre y lo necesita. Pero para mi no había dolor, mi desgracia, si es que lo era, desde mi, todo era más parecido a unas extrañas vacaciones. Unas permanentes. Lejos, por fin, de anhelos, lejos de eso que las personas siempre calculando llaman sueños o metas. Es indistinto, solo pequeños rótulos a pequeños comportamientos que generaran pequeñas recompensas, que a su ves son pequeños rótulos sobre rótulos y así sucesivamente ad infinitum.

Recuerdo, como buen turista, haber analizado el mapa para mirar el futuro de mi travesía, para mi buena fortuna por fin iba a conocer un desierto, que alguna extraña casualidad ha hecho que me parezcan en cierto modo agradables, incómodos pero agradables, siempre me ha gustado sudar, a diferencia del frío, el calor me recuerda que estoy vivo. El frió me provoca casi el efecto contrario, aunque eso le da automáticamente un punto en contra al desierto, ahí, lo caliente y lo frío sólo lo separa un poco de tiempo, pero a causas de algún mnemónico mental siempre asocio el desierto con algo que arde. Tal vez sea esa intermitencia entre uno y otro lo que en realidad me gusta. Me aguardaban dos años y medio de calor y arena, y dos años y medio de frío y arena, una simple operación aritmética nos devuelve cinco años en total de vivir andante sin destino certero, pero que igual emociona al alma.

Y ahí me veía caminando torpemente, arrastrando los pies por la arena, con los ojos entreabiertos apenas viendo el lejano horizonte, lejano y falso horizonte siempre seduciendo con sus mentiras, mentiras que por desgracia no conocí, al menos a ninguna en persona, pues este siempre guarda su distancia, después de todo la coquetería no ofrece garantías de nada. El camino es largo y sin muchos recursos, cuando menos lo piensas te quedas sin nada. Cuando vuelves en ti y abres los ojos, el hambre ya nos ataca, pero es cuando te recomiendo que apliques un cambio de actitud, cambia las ganas de vivir por las de sobrevivir, te acostumbras a comer poco, casi cualquier cosa, y, con un poco de suerte y tiempo, terminas acostumbrándote, de pronto la comida se convierte en mero accesorio de supervivencia, el degustar se desvanece y lo insípido toma el control de todo.

En el transcurso pueda que recorras todo tu cerebro un par de veces, pensaras, lo harás mucho y lo harás en todo, lo harás mucho en ti, pensaras mucho en lo que quieres, pero la dificultad y el miedo a morir pronto aumenta y disminuye respectivamente. Cuando la muerte está cerca, cuando ella te acompaña hombro a hombro puedes extraer poesía de un puño de arena y sentirte completo con sólo la luz de las estrellas.

Según me entere, los arquitectos de este sendero temían a un proceso de deshumanización inherente y es por eso que en el trayecto puedes equivocarte una vez más, tal y como lo hacías en tu vida pasada. Existe un catalogo considerable de donde elegir el error, pero la predominante como es de suponerse es tener a alguien, la naturaleza sexual, la necesidad del proceso químico amoroso. Me contaron que la naturaleza orgullosa en haber propuesto la posibilidad de incluir esta opción, considera también que de haber sido omitida, la persona estaría severamente afectada. Todos sabemos que la naturaleza considera el celibato como algo despiadado. En mi caso estaba estrenando una nueva forma individual, no egoísta, solo individual de hacer las cosas, y tomé una de esas equivocaciones donde no se necesitan dos, solamente uno. Fuertes razones me soportaban, desde que tengo noción de mi, he vivido con una perpetua resequedad labial, la cual, en su celotipia vengativa, todas las veces que me he interpuesto, y he objetado a su apatía, surgen lagrimas, hinchazón y arrepentimiento, suena tentador pero la arena en mis pies comenzó a molestarme y apreté mi paso.

Llegar a tu destino tranquiliza, pero no he encontrado momento para nada, no he tenido oportunidad de expresar reacción, sólo sé que dentro lo caótico he encontrado el nuevo hogar para mi espíritu. Aquí son tantas cosas las que me rodean que nadie podría notar la debilidad de mi presencia. Ya después de algo de tiempo, conocí una paz jamás explorada, cuando estoy escondido entre las sombras del ruido compuesto por la suma de cientos de melodías, todas diversas, todas discordes, todas aportando algo, excepto yo, y no pasa nada. En ese sitio puedes preguntar por mi, jamás obtendrás respuesta de nada, puedo correr sin cansarme, observo todo y no veo nada, mi cara se pierde en la multitud y no quiero volver estar nunca más a solas conmigo. Si me acostumbro al ruido, ya pronto podré soñar despierto todo el tiempo, igual que antes.

No Comments yet

RSS feed for comments on this post.

Sorry, the comment form is closed at this time.

GimpStyle Theme design by Horacio Bella.
Entries and comments feeds. Valid XHTML and CSS.