Que te Jodan

Siempre que entro a alguna habitación no puedo evitar ver las paredes, en las paredes te puedes encontrar muchas cosas curiosas, la mayoría falsísimas, es decir, te encuentras por ejemplo con títulos universitarios falsos, no el documento en si, me refiero a que la persona no sabe lo que dice saber. De hecho creo que muy pocas personas saben lo que dicen saber. Creo que las que saben no lo dicen pero bueno. Algo también muy común son los enormes y lujosos libreros recargados en esas paredes, llenos de libros que nadie jamás leerá pero que sirven para dar un tono interesante a la habitación. También te encuentras a los intelectuales o que tienen algún familiar intelectual el cual les regaló un cuadro aburridísimo, con todos esos trazos sin sentido que al verlos tienes que poner tu mejor cara de impresión y decir que es una obra de arte porque si no quedas como un tonto ignorante.

En la que estaba entrando (me refiero a la habitación) no había casi cosas, parecía que la persona apenas se había instalado en ese lugar. Que por cierto era una oficina. Ahí estaba yo sentado en la única silla de esa oficina, sólo había una silla. Dos en realidad, pero sólo había cabida para un invitado, la otra silla era del ocupante de la oficina. La ocupante en esta ocasión era una tipa de grandes magnitudes. Saben que, me olvidare de los eufemismos, hoy es jueves y me gustan mucho los jueves, me ponen en vena. La ocupante en esta ocasión era una tipa gorda. A pesar de ser gorda olía muy bien, eso habla muy bien de las personas, merito extra que las personas obesas transpiran más y eso incrementa la dificultad de oler bien. Era mi primer entrevista de trabajo. Es increíble lo nervioso que te puedes poner en una entrevista de trabajo, sumándole la silla de acusados en la que estaba sentado. ¿A quien se le ocurre dejar una sola silla para invitados en una oficina?.

La mujer era joven y tenia bonita cara, de seguro estaba a régimen, las personas que padecen de ese tipo de gordura siempre están a régimen, son gordos y además viven restringiéndose todo el tiempo de todas las cosas buenas de los menús. Que bueno que no soy gordo. Las personas gordas siempre me han deprimido, todas me parecen abusivas, siento que cada kilogramo de más es un kilogramo menos en un negro. Me refiero a los negros de África. No a los raperos mafiosos.

Estaba nerviosísimo. Pero no porque fuera mi primer entrevista de empleo o porque tenia miedo de que no me aceptaran en ese trabajo. Mi nerviosismo era por culpa de tener que trabajar. No me malinterpreten, no es por que quiera estar de flojo todo el día y vivir mantenido por mis padres por siempre y todo eso. Era porque me daba miedo invertir de hoy en adelante ocho horas de mi vida a una labor que seguramente no me gustaría. Es decir, no creo que una de las actividades de la empresa sea poner a bailar a todos sus empleados. A mi me gusta bailar. Es una verdadera lastima que en las empresas no permitan bailar a sus empleados en la hora de la comida o algo así, tal vez si eso existiera no estuviera tan nervioso en mi primer entrevista de trabajo.

—Hola, ¿Como estas?—me dijo la gorda—. Su voz era la más falsa que oído en una gorda en toda mi vida.

—Bien, gracias ¿Y tu que tal?—contesté—. Mi respuesta fue casi tan falsa como la de ella. Estábamos jugando una especie de competencia, el más falso se lleva el premio.

—Muy bien también—contestó—. Luego sonrió. Estoy seguro que tenia poco en ese empleo, incluso antes de saludarme miró levemente un manual. Apuesto que el manual decía: Paso 1, Salude amablemente al candidato. O algo así. Así son esas empresas grandes, hay un manual para todo.

Luego empezó a hacerme un montón de preguntas sin sentido, me preguntó sobre el clima, el cual estaba muy loco según ella. El clima esta loco. La tontería más grande del mes. En veces me da por hacer mi listado de tonterías mensual. Esta sin duda se lleva el galardón del mes, como si el clima pudiera estar cuerdo o ser un total chiflado, en fin, ojala hubiera sido el clima loco la peor tontería que saliera de esa boca.

—¿Tienes experiencia en tu área?—me pregunto—. La verdad en esta parte me dio mucha pena y tarde en contestar. El anuncio del trabajo decía que necesitaban universitarios recién egresados. En la entrada, la puerta tenia un letrero donde decía “Recién Egresados”. Gesticular excesivamente y entrecerrar mis cejas no fue suficiente para expresar mí: ¿De qué demonios hablas gorda estupida?, como iba a tener experiencia, si era requisito no tenerla, en fin, estaba empezando a odiar a la mujer.

—No—dije—. Sonreí pues me acorde de nuestra competencia en falsedad.
—Mmm que mal—me dijo—.

Esto si no lo entendía, yo cumplía un requisito y eso era malo. De repente no entiendo a la gente. No entiendo un montón de cosas, como las matemáticas, pero entiendo no entender las matemáticas, es decir, son como el lenguaje de las estrellas, el universo y todo eso. Pero no entender a una gorda la verdad que esto si me deprimía. De repente me empezó a doler la cabeza.

—Bueno, le ayudaba a mi padre en su despacho todos los fines de semana, a organizar sus archivos y todo eso—le dije—.

Cuando me duele la cabeza suelo volverme muy mentiroso y además un silencio incomodo estaba invadiendo la habitación. Ya saben unos de esos momentos en que debes aventarte y dar el beso o eres un marica. Pero yo no iba a besar a esa gorda. No era fea pero no me gusta, aunque oliera bien la odiaba un poco.

—A mira que bien—dijo asintiendo—. Yo también le ayude mucho a mis padres antes de laborar aquí.

Continuó hablando la gorda, como que estaba esperando a alguien con quien conversar.

—De hecho, mi padre es un accionista de esta empresa—dijo—. Es solo superado por el dueño. Que por cierto es muy amigo de mi papi (como lo oyeron, dijo papi). Pero no creas que por ser hija de un dueño la he tenido fácil para estar aquí, no no no, ha sido dificilísimo para mi.

—Si, claro gorda—pense.

Y así siguió largo rato. Es lo que yo no entiendo de los científicos y sus tecnologías. Tantos avances y aun no inventan a las orejas gigantes que se dediquen sólo a escuchar todas las cosas falsísimas y asquerosas de algunas personas. En ese momento estaba pensando en llegar a casa para inventar esa oreja enorme. Lo pense por largo rato, mientras la gorda seguía platicándome cómo fue de las más altas de su clase y cómo fue durante tres años seguidos la presidenta de la sociedad de alumnos. Esas sociedades me revientan, es decir a quien le importa una sociedad de alumnos, ¿cuantas sociedades de alumnos hay en el universo?. Saben que, creo que sólo en este planeta hay sociedades de alumnos, sólo nosotros somos tan indios. Mi primer entrevista de trabajo se convirtió en la entrevista de trabajo más aburrida del universo.

Estuvo a punto de pedirle que saliéramos alguna vez, no es que la gorda me hubiera empezado a gustar. Solo quería detener su boca y ver su reacción, apuesto que ninguna persona la ha invitado a salir en toda su vida. Bueno, tal vez uno de su propia especie, algún gordo. Pero le dedique muy poco tiempo a ese deseo, estaba realmente enfocado en mi oreja robot. Pero luego me resigne a tener que ser yo el que escucharía, no soy muy bueno para la robótica. De hecho, no sé absolutamente de la robótica, sólo que debe ser algo que tenga que ver con robots, que podrían tener forma de una oreja enorme. Me estaba poniendo realmente mal, sentía unas nauseas asquerosas. No había comido nada en todo el día. Lo que me ocasionaba las náuseas era la historia de la tipa, así que decidí interrumpirla y hablar de mi y mí familia.

Y empecé, en serio que pocos temas son más aburridos que yo o mí familia, de hecho creo que si yo fuera superhéroe mí poder sería el aburrimiento, sería una especie de “Capitán Aburrimiento”. Andaría por el mundo aburriendo a todos los supervillanos. En este caso mi objetivo era esta mujer que no parecía un supervillano, pero pues, conozco mucha gente que parecen buenas personas y en verdad son todos unos villanos.

Logré mi objetivo y hastié a la obesa mujer al punto que aventó un brutal bostezo. Por un instante le vi todos los dientes. Todos filosisimos. Es increíble cómo la naturaleza sabe que vas a necesitar dientes filosos, esta gorda definitivamente los necesitaba para devorar sus enormes bistecs.

Yo seguía con mi historia, ya casi llegaba a la etapa de mí pubertad cuando me interrumpió tajantemente con una torre de papeles que tenia que llenar y firmar. Me sentí horrible. Quería largarme. Lo hice, pero me sentí incompleto, en verdad quería un pedazo de esa gorda. Algo de ella me gustó. Llegamos a tener algo saben. Me refiero a que compartimos cosas los dos. Porque a pesar que mi aburrición tendía a infinito, recuerdo todo lo que me dijo y apuesto que ella recuerda todo también, incluso la parte en donde vomite en mi primer día de primaria. Aun siento el aliento que expulso en su gesto de asco.

La habría asesinado en ese instante, pero no traía mi ejemplar de El Guardián Entre El Centeno, y que sentido había al matar a esa gorda si no le doy mala fama al pobre libro. Se salvo solo por unas paginas.

Que te jodan Salinger.

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