Teísmo Escatológico

La persecución de lo místico ha hecho que dejemos de lado las cosas más sencillas que nos rodean, pasamos de largo si no vemos efectos especiales o si posee una lógica que nos permita determinar el porque del fenómeno. Todas esas cosas donde hacemos asunción de la tarea realizada por ser poco el impacto en lo consuetudinario, si es algo que sólo me permite seguir respirando lo hacemos de lado y venga lo mágico, que sin darme nada en verdad, da ilusión, da esperanzas de que viviré después de mí muerte.

Empero dicha sencillez que ignoramos con desdén es resultado de la compleja abstracción y perfección de la naturaleza.

Historias, dioses, mitos y leyendas. Todas sirven para el mismo fin en esa cueva oscura donde todo nos da miedo. Donde esa pequeña luz que nosotros mismos mandamos, la atribuimos a lo superior, a las deidades. Pero lastima, como todo sistema, es inherente su imperfección, por dada razón hay lugares donde los dioses nunca podrán ayudarnos y tenemos que usar lo que este al alcance de nuestros cortos brazos para lograr la supervivencia. Volteamos a ver a la alquimia, no encontramos oro ni respuestas, nos distraemos con todas las mancias y nos dan esos enunciados donde encajan todos los individuos y todas las permutaciones de sus circunstancias.

Nunca le damos un vistazo al costal de miserias que es nuestro cuerpo; al fin notaríamos la orgía de maravillas que lo componen. En especial una.

El gran misterio que encierra este órgano nunca ha sido expuesto al mundo, ningún oráculo da información de esta incógnita que poseemos, pero todo mundo en algún momento de su vida ha experimentado el tormento que solo la locomoción mágica del intestino grueso puede resolver. Éste estado de urgencia nos hace olvidar que compartimos presencia con otros cuantos millones, sólo estamos nosotros y nuestro sufrimiento. Con la aparición de ese sudor frió florece una burbuja de aislamiento donde nos acompaña el sonido de todo nuestro organismo. Y nada más.

Desaparece todo lo demás, lo anterior sólo pudo ser descrito gracias a lo reciente del hecho, pero he olvidado los detalles. La razón de la falta de información se debe teóricamente, al ser el olvido, el primer efecto postraumático. El ruego de imposibilidad de presentarse otra vez el suplicio y la experiencia sugiriendo que hay alguien que puede salvarnos contribuye a prestarle menor importancia a la hazaña. Nuestra naturaleza ingrata nos impide recordar, pocas cargas son tan pesadas para nosotros como la gratitud, por eso nuestro órgano héroe nunca ha tenido el crédito que se merece. Ebrio en humildad está ahí para ayudarnos a escapar de las leyes de la física, que el hombre en su totalidad, sueña con violar. El intestino es capaz de liberar el flato ubicado detrás del estiércol con una audacia no recordada gracias al cegato que produce la dicha justo después de realizar el milagro. Lo único que concluimos después de la epifanía de esperanza, es que aún podemos alcanzar a llegar a algún retrete.

Dios creo al hombre en el sexto día porque pasó los 5 anteriores planeando el diseño y funcionalidad de el intestino grueso.

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