Rojo y Negro

Conocí  a Stendhal en el Fausto de Goethe. El libro traía una pequeña biografía donde hacía manifiesto el interés que prestaba el alemán por las obras del francés. Algo tenía que tener Stendhal para que llamara la atención de aquél, ése algo provocó la curiosidad de leerlo, pero al tiempo lo olvidé.

Posterior me encuentro con un texto ridículo que daba alusión al síndrome de Stendhal, inmediatamente volvieron mis deseos de buscar material sobre él, pero al igual que la vez anterior, a los días lo olvidé.

Algo tenía ése pseudónimo que no se podía acomodar en mí memoria.

Mucho después leí a un Nietzsche enfurecido con un francés que le había arrebatado una frase que sólo él podía haber hilvanado, “La única excusa que pongo a Dios, es que no existe”. El francés era Stendhal. Imaginar al irascible bigotón haciendo una rabieta por culpa de una frase, generó la foto que consolidaría a Stendhal en mi memoria, ya no olvidaría al autor que tenia que conocer.

Inicie mí búsqueda y sólo encontré dos obras: La cartuja de Parma y Rojo y Negro. Siendo la primera su obra más conocida, el sentido común dictaba que iniciaría con ésta, pero el título de Rojo y Negro me fue más atractivo.

Mí ejemplar de Rojo y Negro empieza con una breve reseña de las obras de Stendhal, donde también platican un poco de lo que fue su vida. Queda claro que no fue fácil para él dedicarse al mundo de las letras, era un tipo de denominación artística y elitista, resaltan su gusto por la música, lo cual queda expreso en el hecho de que sus primeras obras fueron sobre virtuosos como Haydn y Mozart, también reflejó su gusto por la pintura en varios de sus otros títulos. Poseía ese sentido extra para captar los medios expresión de otras personas, sentido que la mayoría de las veces regala más crédito del que en realidad merecen; sobrevalora sin querer e incluso encuentra matices especiales donde el autor solamente había estornudado. Su habilidad para inyectar virtudes a las cosas y caer en el trance artístico le valió su propio síndrome.

Un curioso énfasis noté en la biografía: dibujaban a Stendhal como un individuo no rico, que disfrutaba de codearse con lo alto de la sociedad, y existía un cierto patrón en  las mujeres que conquistaron su corazón, o eran ricas o eran del medio artístico.

Inicia el libro y unas cuantas paginas bastaron para que apareciera Julián, un joven pobre con un talento especial para las letras y de rápida absorción de los cánones de la educación, el cual conciente de su estado, siente un  profundo desprecio por sus orígenes y otro tanto por todos aquellos “Bien Nacidos”. Surgía la sugerencia implícita de la pequeña biografía, de ser Rojo y Negro un grito de Stendhal, una queja disfrazada de su propia circunstancia de vida.

Julián asciende intelectualmente en una época donde tener una biblioteca en casa era obligación y parte del buen gusto, donde la educación y la plática inteligente eran las cartas fuertes en las fiestas y reuniones de la alta sociedad. Julián resaltaba en éstas situaciones, pero como su complejo de inferioridad nunca lo abandonaba, no lo dejaba saborear sus conquistas, que a pesar de ser un número modesto, la dificultad que presentaban le colocan los laureles.

Graciosísima las partes donde hace mención a los pobres diablos, donde diferencía los concientes de los inconcientes. Los últimos quedando como héroes etéreos. La enorme capacidad de los pobres diablos inconcientes de ser indiferentes a los valores que dan posición en la sociedad, donde el mendigo con los pies llenos de barro tratará de cortejar a la princesa, que desde el balcón asoma su perfil con el emblema altivo brillando en toda su frente, brillo que el mendigo ignora y solo ve en ella otro receptáculo de esperma, o tal vez al amor de su vida.

El lumpemproletariado, con su poder de ver más allá de lo superfluo y considerarse igual a cada ser, es una característica que Stendhal negó a Julián, lo cual fue un gesto honesto desde mí punto de vista, así como desde la perspectiva de ser Julián uno  de sus tantos demonios.

Otro punto importante son las mujeres cuyo interés está enfocado en los bienes de sus pretendientes, las cuales nos merecen todo el respeto por ser guardianas (inconcientemente) del mejoramiento de las condiciones de vida. Cuando una mujer pobre se casa por amor con otro pobre, sólo genera más pobreza y a la vez inculcan a sus hijos estos tipos de valores, haciendo la cadena de pobreza infinita. Cuando una mujer se casa por conveniencia, asegura en parte la salud y buena educación de sus hijos, los cuales adoptaran la posición y será una cadena que ofrecerá el beneficio que el poseer cosas brinda.

El héroe de la novela: Julián, muy a pesar de su condición pobre, se consideraba superior a la mayoría de los ricos que conocía, lo único que faltaba era que lo colocaran en la balanza adecuada, en la que subes sin tus pertenencias, tan sólo con el corazón y voluntad.

El libro me gustó mucho, sufrí con Julián todas sus vivencias, sus constantes desatinos amorosos, su errante y paranoica actitud;  sobre todo siempre aplaudí sus resoluciones por más pueriles y absurdas que fuesen, todas me parecían llenas de un orgullo que en la actualidad no existe. Descargar dos plomazos al amor de su vida fue un Tour de Force si hablamos de lo soberbio, aunque hubiera sido el doble de virtuoso si hubiera tenido mejor tino, valga la cacofonía.

En las últimas páginas cuando decapitan a Julián no pude evitar recordar el deceso del joven Werther, y es cuando comprendí porque Goethe leía a Stendhal.

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