Margarita

FAUSTO.– Date prisa, porque no hay un momento que perder si no queremos pagarlo caro.
MARGARITA.– ¡Qué es eso! ¿No puedes ya abrazarme? ¿Será posible, amor, que en tan poco tiempo hayas perdido ya la costumbre de abrazarme? ¿A qué viene la inquietud que siento en tus brazos, cuando antes bastaba la menor de mis palabras o una sola de tus miradas para convertir mi espíritu en el cielo? ¡Abrázame que si no, yo no lo haré!
NETO.– Mándalaaa a la verga Quique, la estas salvando y con la mamada que sale.

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